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La primera novela picaresca en lengua castellana y una de las obras más populares de nuestra literatura clásica, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, cumple este año su quinto centenario sin publicidad alguna ni que atisbemos en el horizonte iniciativas de celebración. La causa de este supuesto descuido se explica sin duda por el velo de incertidumbres, dudas y polémicas que desde siempre han envuelto a esta entrañable obrita, entre ellas el debate sobre su fecha de redacción. Sin embargo, e n opinión de algunos, entre los que me encuentro, no faltan indicios sólidos que avalan la fecha de 1525 como el año en que la obra comenzó a escribirse o al menos el año en que, al decir del propio protagonista, tiene lugar el episodio culminante de la novela , lo cual arma de razones para la celebración del V Centenario del Lazarillo en este presente año de 2025. La controversia sobre la fecha de redacción del Lazarillo se basa esencialmente en dos interpretaciones enfrentadas acerca del párrafo final de la novela , donde a modo de colofón epistolar Lázaro de Tormes le informa a su corresponsal de cuándo tuvo lugar el último episodio de su relato autobiográfico, es decir, «el caso» de su ménage à trois con su mujer y el arcipreste de San Salvador : «Esto fue el mismo año que nuestro victorioso emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes, y se hicieron grandes regocijos y fiestas». El párrafo-colofón resulta en verdad diáfano, pues la historia registra que Carlos V hizo su primera entrada en Toledo el 27 de abril de 1525 , y ciertamente ese año se convocaron Cortes y se hicieron grandes fiestas en Toledo . De ahí se infiere que el episodio clave de la novela —«el caso»— tiene lugar en 1525, y este dato bastaría para considerar 1525 como una referencia perfecta para la celebración del V Centenario de la novela. No obstante, hay quien opina que la entrada mencionada en el párrafo-colofón no se refiere a la primera entrada de Carlos V en Toledo sino a la décima (24 de octubre de 1538), porque en ésta también se convocaron Cortes (1538-39) y se hicieron fiestas. Pero a nuestro entender esta conjetura se desmorona considerando la lógica de que el autor del Lazarillo no vio necesario precisar que la entrada del emperador en Toledo era la primera, sencillamente porque en el momento en que escribía, el emperador no había hecho ninguna otra entrada en la ciudad. Así pues, los lectores para los que escribía el autor del Lazarillo no tenían duda de que el texto se refería a la única entrada del emperador en Toledo hasta ese momento , es decir, la de 1525. De haberse tratado de la décima entrada (1538) el autor lo hubiera especificado para diferenciarla de las nueve entradas anteriores, sobre todo de la primera, donde también hubo Cortes y fiestas. Los que sostienen la opción de 1538 restan importancia a que ésta se produjo tras la Tregua de Niza , consecuencia del fracaso de Carlos V al atacar Flandes, así como de la frustrada invasión de Francia por el norte y del inútil intento de invadir Provenza, todo lo cual hace incongruente que el narrador del Lazarillo calificase al emperador de «victorioso» en 1538, como se lee en el párrafo-colofón. En cambio el epíteto «victorioso» se justificaba sobradamente en 1525 , por cuanto la batalla de Pavía, acaecida dos meses antes, significó la victoria aplastante del emperador sobre el ejército francés, con el resultado de poner al propio rey Francisco I en manos del emperador , que lo mantuvo preso en Madrid todo aquel año. Un hecho al que se alude en el Tratado Segundo del Lazarillo. Más aún, el autor del Lazarillo no podía referirse a las Cortes de 1538-39 como aquellas en que se hicieron «grandes regocijos y fiestas» pues sólo un mes después de acabadas se produjo la muerte de la esposa y el hijo nonato de Carlos V, un suceso de enorme trascendencia que ningún autor que aludiera a las Cortes del 38-39 podría soslayar, y menos aún encarecer los aspectos festivos de un evento de final tan desgraciado. A ello se añade que las sesiones de las Cortes del 38-39 resultaron tan convulsas y contrarias a la voluntad de Carlos V que el cronista fray Prudencio de Sandoval anotó: «Con esto se disolvieron las Cortes, quedando el emperador con poco gusto, y con propósito que hasta hoy día se ha guardado de no hacer semejantes llamamientos o juntas de gente tan poderosa en estos reinos». Que la de 1525 se convirtió en la entrada por antonomasia del emperador en Toledo, lo demuestra el que, más de cincuenta años después, el historiador Luis Hurtado de Toledo , igual que el autor del Lazarillo, al aludir al acontecimiento, no ve necesario especificar que la de 1525 fue la primera entrada, sino que simplemente se refiere a ella como «la entrada »: «… había antiguamente en este pueblo […] tanta cantidad de maestros y oficiales, que se hallaron al recibimiento de la entrada de Carlos Quinto un escuadrón de tres mil y quinientos de solo este oficio…». El Lazarillo no pudo escribirse después de 1529 ya que en el Tratado Segundo se menciona al Duque de Escalona como personaje aún vivo —«Estábamos en Escalona, villa del Duque de ella»—, y es sabido que éste murió en 1529». Imposible, por tanto, que la entrada aludida en el párrafo-colofón sea la de 1538; no puede ser otra que la de 1525. Otro argumento señala a 1525 como el año en que se comenzaría a escribir El Lazarillo: Hacia la mitad del Tratado Segundo, el narrador-protagonista, ironizando sobre su desamparo y hambruna en manos del clérigo tacaño de Maqueda, dice: «… y dormí un poco, lo cual yo hacía mal, y echábalo al no comer. Y ansí sería, porque, cierto, en aquel tiempo no me debían de quitar el sueño los cuidados del rey de Francia ». Lázaro se refiere mordazmente a los solícitos cuidados de los que gozó el monarca francés, por la s upuesta enfermedad que padeció durante su cautiverio madrileño en 1525 . Para ello contó con las atenciones de una abrumadora concurrencia: su hermana Margarita de Angulema y sus más de treinta damas llegadas urgentemente desde Francia, así como con la asistencia permanente de los médicos del emperador. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo dice que «fueron grandísimas e muy continuas las oraciones, ayunos, plegarias e procesiones que en Madrid, chicos e grandes, e los naturales de la villa e tierra, hicieron por la salud del Rey de Francia; e con tantas lágrimas e voluntad, e obra en muchos monasterios de todo el reino por mandado del emperador, que nunca jamás se creyó que por príncipe del mundo así se hiciera». Este es el telón de fondo que esclarece la ironía del protagonista del Lazarillo comparando sus parvos cuidados con los próvidos del rey francés, para hilaridad de sus lectores. Dado que la enfermedad le sobrevino al soberano a mediados de septiembre de 1525, el Tratado Segundo del Lazarillo, donde se alude a ella, tuvo que escribirse obviamente con posterioridad a esa fecha, pero no mucho después porque, de lo contrario, los excesivos «cuidados del rey de Francia» habrían perdido vigencia en la memoria colectiva y, por tanto, efectividad sarcástica. Todo parece apuntar a que la alusión debió de escribirse no lejos de los hechos a los que alude, y que surgiría al calor de lo que seguía siendo una comidilla de amplia circulación entre la gente, dentro de 1525 o no mucho más allá. En cualquier caso, 1538 se nos antoja excesivamente lejano. Bajo esta premisa, fijando la composición del Tratado Primero inmediatamente antes que el Segundo, tendríamos que El Lazarillo comenzaría a redactarse entre agosto y septiembre , tras el término de las Cortes (7 de agosto), quizá coincidiendo con el inicio, el 28 de agosto, de una etapa de ocio cinegético de Carlos V por tierras de Aranjuez, Guadarrama y Segovia , lo cual supondría cierto relajamiento en la vida de la corte toledana. El autor del Lazarillo, quien quiera que fuese , contó con unos cuatro meses para acabar su novela dentro del año 1525 y seis hasta la marcha de la corte en febrero de 1526, aunque para la reivindicación del V Centenario del Lazarillo importa menos cuándo se terminase de componer la novela; lo que más importa es cuándo se comenzó a escribir, y para esto hay menos dudas: 1525. Con ocasión de la estancia de la corte imperial en Toledo, desde abril de 1525 a febrero de 1526, pisaron las calles toledanas un buen número de los más encumbrados personajes políticos, intelectuales y eclesiásticos, así como los embajadores de media Europa y aun de reinos asiáticos y africanos. « Nunca antes se vieron en estos reinos tantos embajadores como este año », certificó el cronista del emperador, Francesillo de Zúñiga . Otro cronista, Fray Prudencio de Sandoval , atestigua que la corte del emperador era una de las mayores y más lúcidas que ha tenido príncipe de España, y refiere que en el Toledo de 1525 se congregaron la reina de Portugal y hermana del emperador , doña Leonor; la reina consorte de Aragón, doña Germana; el duque de Calabria, don Fernando de Aragón; los duques de Alba, Béjar, Nájera, Medinaceli y otros grandes señores de Castilla y de León; los embajadores de Francia , que vinieron a tratar la libertad de su rey; los de Inglaterra, Portugal, Venecia y de otras repúblicas, y potentados de Alemania y de Italia ; el enviado del rey de Persia, y de otros reyes de África ; muchas personas eclesiásticas acompañantes del nuncio del papa Clemente VII ; don Alonso de Fonseca, arzobispo de Toledo; y don Juan Tavera, arzobispo de Santiago, que presidió las Cortes. El año 1525 supuso para Carlos V una sucesión de éxitos políticos y militares, encabezados por la victoria de Pavía . También fue un año exitoso económicamente para el emperador por el servicio que obtuvo de las Cortes de Toledo, mayor que el de costumbre; y en lo personal, por s u compromiso matrimonial con la infanta Isabel de Portugal, firmado el 17 de octubre de 1525 , con la que se unió en feliz matrimonio al año siguiente. Todas estas circunstancias fundamentan el optimismo triunfal con el que Lázaro de Tormes remata el párrafo-colofón, poniendo fin a su carta-novela: «Pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna». Palabras que podrían ponerse en labios del propio emperador aquel venturoso año de 1525. Quinientos años después, hay motivos para celebrar que aquel año un autor genial escribiera una de las obras más preciadas de la literatura española.



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Author : (abc)

Publish date : 2025-04-05 23:54:00

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