Es la tercera vez que nos llega el título icónico de la zarzuela: ‘La verbena de la Paloma’, del salmantino Tomás Bretón . La casualidad quiso que cayese en sus manos el libreto del más afamado autor de sainetes de la época, Ricardo de la Vega , lo que en este caso no es baladí. Estamos en el teatro por horas del Teatro Apolo, así que ya había que sortear dos limitaciones: el formato pequeño (una hora) y un argumento que tenía a Madrid como fondo , lo que podía suponer un tema recurrente y, para muchos, agotado. Por poner como ejemplo el mismo año del estreno de la zarzuela, fueron 14 las zarzuelas que llevaron la capital como ubicación de su trama, mientras 54 tuvieron localizaciones diferentes; y aunque puedan fluctuar las cifras según los años, no hay ninguna ciudad o región que presente una presencia zarzuelística parecida. Y no sólo era cuestión de que viésemos nuevamente a los mismos personajes, sino que estos, a fuer de reincidir, ya se habían vuelto de cartón piedra, tipificados, ‘deshumanizados’. La verbena también era un elemento habitual en los argumentos, como el Prado; pero aquí es el catalizador en el que se reúnen y confrontan todos los actantes, ya que el barrio, sus gentes, sus oficios, beben directamente de la realidad , empezando por ubicarse en un barrio real, La Latina . Ya entonces destacaba por ser un amasijo de calles, algunas de las cuales De la Vega incluye con detalle en el relato de Julián desde su casa hasta el accidentado encuentro con el ‘simón’ (un carruaje): Corredera Alta, Corredera Baja, Luna, Tudescos o calle ancha. En ellas se estrujaban casas de población saturada (el médico e investigador Philip Hauser estima que en esa zona vivían en 89 casas 11.553 personas), de ahí que tanto personaje vaya y venga, y por ello que no pueda ser algo inventado ni tipificado, sino parte de la vida diaria del barrio. Tampoco era por rellenar el escenario contar con una taberna : era sitio frecuente de reunión y de comunicación. Se han contabilizado sólo para La Latina hasta 119 de ellas en esta época. Y con los cafés pasaba lo mismo, una costumbre que hasta el siglo XIX no llegó a todos los estratos, pero que ya incluía la presencia de familias completas. Seis había en La Latina por entonces. Pero también podían ser cafés cantantes , especialmente de flamenco , formato que se extendió por la capital desde mitad del XIX con cantaores que llegaban especialmente desde Sevilla. La ‘humanización’ de los tipos la consiguió De la Vega con un agudo y pertinaz sentido de la observación . Bretón no sabía nada de estos sainetes lírico-cómicos que tan bien manejaba De la Vega, porque él aspiraba a la ópera seria española y a la dirección de orquesta. Pero puede que el chispeante libreto corrigiera su ángulo visual de tal manera que consiguió terminar la zarzuela en tres semanas. Nos hemos extendido quizá en exceso en estos datos curiosos porque todos ellos están presentes en esta pequeña pieza, y forman parte irrenunciable de la obra, porque son el alma que da vida a esta historia. Por último, digamos que este enfoque ‘social’ lo pueden encontrar muy desarrollado en el libro de Carmen del Moral Ruiz titulado ‘El género chico’ , y en él se comprende mejor por qué no se podría encauzar esta zarzuela en un gimnasio (no es un ejemplo, es una barbaridad en forma de producción que nos podía haber llegado en vez de esta). La zarzuela en sí estuvo precedida de un prólogo , que podría pensarse como algún añadido ortopédico para justificar al menos la hora y media de función. Pero no. En dicho prólogo, una compañía que va a representar ‘La verbena de la Paloma’ en el Teatro Apolo de Madrid se entera de que el Banco Vizcaya ha comprado el teatro para demolerlo y hacer una sucursal bancaria, y ellos -sin saberlo hasta entonces- estarían ensayando la última zarzuela que se vería en el Apolo. Todo esto ocurrió tal cual en 1929. El texto de Álvaro Tato ha sido capaz de recoger el alma castiza con el mismo ingenio, iguales chispazos políticos -de fogueo- y un dinamismo escénico de la mejor clase. Todo fluyó con velocidad cinematográfica gracias a la mano de Nuria Castejón , al igual que luego en la zarzuela propiamente dicha. Además, ella fue responsable de las distintas coreografías verdaderamente estilizadas, variopintas -según la música- y con un gusto exquisito. Se mueven por un Madrid también real, en el que sobresale la botica al comenzar la zarzuela, para luego dejar paso al Café de Melilla cuando anochece, irisación debida a la iluminación de Albert Faura ; o juega con las sombras para iluminar el café al fondo, o nos deja caer al final unas guirnaldas de luz bajo un cielo estrellado, luces que iban cambiando la percepción de un variado vestuario ecléctico (Gabriela Salaverri) , en el que sobresalían la abundancia de mantones de Manila. También combinaban trajes humildes con los hechos a medida (pocos). Exquisita la escenografía de Nicolás Boni . No podemos olvidar la cantidad de cantantes que participan, empezando por los protagonistas, Quiza y Romeu , el primero seguramente con la mejor voz, aunque nos pareció que sólo la apianó en la famosa habanera (tal vez concentrado en mantener el volumen y color en todo su registro). Y tal vez hubiera podido matizar más la expresión de sus sentimientos. Ella tiene también buen volumen y nos dio la impresión de un ligero velo y un agudo algo justo. Escénicamente fue una Susana perfecta, al igual que la Casta de Ana San Martín , de registro más ligero y dinámico. La Señá Rita de Amparo Navarro tenía muy separado su registro por la zona de paso, más arriba de la cual perdía volumen y algo de inteligibilidad. La tía Antonia es un registro de mezzosoprano que aunó un volumen más que suficiente con una claridad de vocalización sorprendente, y eso que ya sabemos que tiene que forzar el registro para lograr ese registro aguardentoso. Entrañables Rafa Castejón y Ana Goya . El cante de Sara Salado , junto a la concepción expansiva de la escena de tablao flamenco, resultaron extraordinarios. El coro del Maestranza estuvo realmente bien, compartiendo empaste y definición vocal con el resto de solistas. La orquesta empezó muy fuerte, devorando no sólo a D. Hilarión y D. Sebastián, sino al mismísimo Quiza. Poco a poco fue ajustando y corrigiendo algunos desajustes. Pero sólo son matices. Nos quedamos con la sensación de que, como espectáculo, como exaltación de la zarzuela , fue increíble (ampliado por los magníficos insertos del prólogo). Es como para ir los tres días que está en cartel (antes de que puedan traer la del gimnasio) y aún nos sabría a poco.
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Author : (abc)
Publish date : 2025-03-28 00:51:00
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